Finalizó en Abu Dhabi el mundial de Fórmula 1 con resultado inesperado a priori, pero basado en una lógica aplastante si echamos la vista atrás y analizamos lo acontecido en las 18 carreras previas a este último gran premio. Vettel, 1º y Alonso 7º, resultado que otorga al alemán el honor de ser el campeón más joven de la historia.
No obstante, el verdadero artífice de este éxito sin precedentes tiene otro nombre y otro apellido. Un ingeniero brillante llamado Adrian Newey. Pero, ¿Por qué intercambiar papeles en el reparto de esta película? ¿Por qué despojar al actor principal de su rol inicial y otorgárselo al que no es más que un secundario, por muy cualificado que éste sea?
NEWEY Y VETTEL
Adrian Newey es el Jefe de Ingenieros del equipo Red Bull desde 2005. Sus anteriores resultados en Williams o McLaren no dejan resquicio a la duda. Es simple y llanamente el mejor, y así está reconocido dentro del paddock. Aun así, no es suficiente disponer del mejor ingeniero para ganar un campeonato del mundo. Además de “pasta”, y mucha, también es necesaria una infraestructura de equipo modélica, que la tienen, y un plan concienzudamente programado y bien definido, que también lo tienen. Fruto de todas estas circunstancias, Red Bull Racing Team ha sido capaz de alcanzar la gloria en tan sólo 5 años.
La temporada comenzó con el premio gordo de la lotería para Sebastian Vettel y Mark Webber. Ambos chavales, uno más que otro, se vieron casi sin creérselo, frente al volante del “maquinón” producto del talento de Newey. Un avión de vuelo rasante cuyas prestaciones dejaban en evidencia el trabajo invernal del resto de equipos.
No obstante, el verdadero artífice de este éxito sin precedentes tiene otro nombre y otro apellido. Un ingeniero brillante llamado Adrian Newey. Pero, ¿Por qué intercambiar papeles en el reparto de esta película? ¿Por qué despojar al actor principal de su rol inicial y otorgárselo al que no es más que un secundario, por muy cualificado que éste sea?
NEWEY Y VETTEL
Adrian Newey es el Jefe de Ingenieros del equipo Red Bull desde 2005. Sus anteriores resultados en Williams o McLaren no dejan resquicio a la duda. Es simple y llanamente el mejor, y así está reconocido dentro del paddock. Aun así, no es suficiente disponer del mejor ingeniero para ganar un campeonato del mundo. Además de “pasta”, y mucha, también es necesaria una infraestructura de equipo modélica, que la tienen, y un plan concienzudamente programado y bien definido, que también lo tienen. Fruto de todas estas circunstancias, Red Bull Racing Team ha sido capaz de alcanzar la gloria en tan sólo 5 años.
La temporada comenzó con el premio gordo de la lotería para Sebastian Vettel y Mark Webber. Ambos chavales, uno más que otro, se vieron casi sin creérselo, frente al volante del “maquinón” producto del talento de Newey. Un avión de vuelo rasante cuyas prestaciones dejaban en evidencia el trabajo invernal del resto de equipos.
En mi opinión, el RB6 habría hecho campeón del mundo al 50 por ciento de pilotos de la parrilla, y Vettel, que ha logrado 10 poles sobre 19 posibles, necesitó llegar a la última carrera para alzarse “in extremis” con el trofeo de vencedor final. Conclusión: Mejor coche sí, mejor piloto, ni de lejos.
LA ESTRATEGIA DE WEBBER
El máximo accionista de la marca de la bebida energética, Dietrich Mateschitz ya se ha apresurado a desmentir que la maniobra del tempranero pitstop de Webber, fuese producto de una estrategia preconcebida que sirviera como cebo en el que finalmente acabó picando Chris Dyer, estratega mayor del Reino de Ferrari.
En realidad no es importante, aunque de ser así, el papelón del australiano es para enmarcarlo, desde luego. Pasará mucho tiempo hasta que un piloto sea ninguneado por parte de su propia escudería de la forma en la que lo ha sido Webber. Supongo que la calificación del sábado despejó todas las dudas, si es que quedaba alguna.
Los que no somos antialonsistas sino más bien todo lo contrario, nos frotábamos las manos después del tercer puesto obtenido el sábado en calificación por el asturiano tras una vuelta mágica e impensable, si atendemos al caballo que montaba. Todo parecía más que encarrilado.
Cuando se apagaron los semáforos el domingo, el McLaren de Button salió mejor y le ganó la 3ª posición a Alonso, lo cual podía considerarse como un mal menor asumible y hasta previsto. No tocaba arriesgar. Alonso, 4º y Webber por detrás sin apretar demasiado. Hasta ahí, sin más problemas que un inoportuno y a la postre decisivo Safety Car cuando a Sutil le dio por empotrar a Schumi –coche contra coche, se entiende- recién empezada la batalla.
Todo transcurría con normalidad hasta que a los estrategas de Ferrari les cambiaron el guión. Webber hace su pitstop en la duodécima vuelta debido a un “supuesto” problema en sus neumáticos traseros. Massa entra para copiar la estrategia y servir a su escudería por segunda vez en la temporada, que se dice pronto, y tras ver los resultados, Chris Dyer decide parar a Alonso, que según sus cálculos volvería a pista por delante de Webber, como así fue.
EL ERROR
Nadie puede negar que “La Scuderia” quedó huérfana de talento estratégico tras la salida de Ross Brawn primero, y de Jean Todt después. Sin embargo y en esta ocasión, personalmente comprendo en parte las razones del error de cálculo, que le costaría finalmente el campeonato a Fernando.
Ahora es fácil y hasta ventajista decir que Button, 3º hasta ese momento, era el hombre a marcar, ya que la 4ª posición aseguraba a Alonso la victoria toda vez que parecía imposible que Webber pudiera ganar. Sin embargo, Dyer pensó que la estrategia de Webber podía ser peligrosa para los intereses de “Il Cavallino”, y posiblemente podría haberlo sido si no hubieran dado en coincidir un cúmulo de circunstancias negativas, precisamente todas al mismo tiempo.
Durante la estancia del “Safety” en pista, Nico Rosberg y Vitaly Petrov entre otros, realizaron su parada. Las previsiones para el 8 rojo, eran por tanto, salir por delante de Webber y asegurarse así, de que el australiano no llegase a la estela de Vettel y se produjesen las temidas órdenes de equipo. Para llegar a la 4ª posición, tan sólo tendría que sobrepasar en pista a Petrov y a Rosberg, cosa que en principio no parecía labor demasiado exigente dado el número de vueltas que restaban y el ritmo de unos y otros. Pero nadie supuso que los neumáticos, tanto los superblandos como los intermedios, aguantarían mucho más de lo previsto en un asfalto tan abrasivo como había parecido días atrás. La goma acumulada en pista a lo largo del fin de semana fue un factor que nadie valoró.
Tampoco repararon en la escasa velocidad punta del F2010, más teniendo en cuenta la configuración de alta carga aeródinamica con la que habían salido que, aunque se mostraba más eficaz para el trazado, también restaba posibilidades de adelantar a final de recta. Fueron pasando las vueltas y a Alonso se le veía impotente tratando de ganar posición con respecto a Petrov. Debía resultar desalentador que tras el ruso, todavía quedaba Rosberg y también Kubica, que a pesar de haber cumplido ya con su parada reglamentaria, ya le había ganado demasiado tiempo a Alonso, escandalosamente frenado por el ritmo cansino del segundo de los Renault. Ya no eran dos por tanto, sino tres los escollos a salvar para alcanzar la, para entonces ya utópica 4ª plaza. Tampoco Hamilton o Button se acercaron en ningún momento a Sebastian lo suficiente como para que éste viera amenazada su privilegiada posición.
DECEPCIÓN Y FIN DE FIESTA
En un último espasmo de desesperación, le pedían a Fernando desde el pitwall que sacase de la chistera todo su talento para comerse las esquinas o atajar campo a través intentando adelantar lo inadelantable –perdón por el palabro- con el fin de enmendar errores ajenos.
Precisamente es ese talento descomunal que alberga Fernando, considerado como uno de los mejores pilotos de Fórmula 1 de la historia, el que debe motivar inexcusablemente a Montezemolo y compañía para proporcionarle una herramienta –a ser posible, con ruedas- capaz de competir de tú a tú con los mejores.
Por último, no querría dejar pasar la oportunidad de felicitar al ruso Vitaly Petrov por la consecución del prestigiosísimo título de vencedor del “Trofeo de la Galleta” de Abu Dhabi. Existe un código no escrito en Fórmula 1 en virtud del cual, aquel piloto que no se juega nada, no debe entorpecer la labor de aquellos que optan al título en la última carrera. Arrieritos somos…
Y finalizó la temporada con la fiesta correspondiente para los de las alas energéticas, los vítores y palmaditas en la espalda de rigor, pero con una pequeña salvedad. Mark Webber se borró de la fiesta, aunque en realidad, tengo la impresión de que lo fueron borrando poco a poco desde que comenzara el campeonato.
Mil Gracias a todos por vuestro seguimiento en lo que ha sido para mí una excelente manera de reflejar mi pasión por este bellísimo deporte.